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Una niña de 12 años abrió Google y le pidió a la inteligencia artificial que le hiciera un resumen de un cuento de Óscar Wilde. El padre se quedó desconcertado: su hija sabía el cuento, pero no estaba segura de lo que había aprendido en clase. La niña aseguró que le había dado tiempo a leer, pero el padre estaba preocupado. Esas son las escenas que están repitiéndose en miles de hogares españoles. Los niños y adolescentes se han lanzado a usar la inteligencia artificial para estudiar sin supervisión del profesorado ni de los progenitores.
Una guía acaba de publicarse en Ceapa, la gran confederación de familias de la enseñanza pública, que aglutina a más de 12.000 asociaciones de madres y padres de alumnos (Ampas) de colegios e institutos. La guía trata de orientar a progenitores y chavales sobre los riesgos y oportunidades educativas de la nueva tecnología.
El uso escolar de la IA plantea problemas. El problema es que su rápida expansión no está respondiendo a un plan pensado por las administraciones educativas para mejorar el aprendizaje de los menores. Sino a una carrera de empresas privadas, “movidas por interés económico”, que no han ido a llamar a la puerta del profesorado o de los departamentos de enseñanza.
La cuestión genera preocupación y también “controversia” en las familias catalanas. En su opinión, se trata de poner límites, regular y ser muy cuidadosos con el impacto real que su uso puede tener en su proceso de aprendizaje.
Uno de los principales argumentos a favor del uso profesional de la IA es que permite liberar tiempo de tareas poco relevantes para dedicarlo a otras verdaderamente importantes. Pero en primaria y secundaria, las tareas están pensadas para que los chavales adquieran conocimientos y habilidades durante el proceso de hacerlas.
La inteligencia artificial puede ser una herramienta útil. Los expertos señalan que los niños pueden usarla para pedirle a la IA que cree tarjetas con preguntas y respuestas al estilo del Trivial, o incluso mapas mentales con contenido, o un podcast con el tema para que el estudiante pueda escucharlo mientras camina o hace deporte.
Sin embargo, hay un riesgo de naturaleza muy distinta. La creación de los sistemas educativos de masas no respondió a “ideales democráticos, a la industrialización, ni a la meta de promover el conocimiento o erradicar la pobreza”, sino que se implantaron con “un objetivo político de formar ciudadanos obedientes como parte de un proyecto más amplio de formación y consolidación del Estado nacional”.
La IA puede ser una herramienta poderosa para adoctrinar. Los medios con los que han contado hasta ahora los gobiernos han sido básicamente los libros de texto y su capacidad para influir en la formación y contratación de los docentes. Pero estas siempre han retenido, en mayor o menor medida, cierto grado de autonomía.
El alumnado debe recibir formación escolar sobre un uso adecuado y crítico de la inteligencia artificial. Se trata, apuntan, de una tecnología con gran capacidad tanto para potenciar el aprendizaje como para socavarlo.
Una guía acaba de publicarse en Ceapa, la gran confederación de familias de la enseñanza pública, que aglutina a más de 12.000 asociaciones de madres y padres de alumnos (Ampas) de colegios e institutos. La guía trata de orientar a progenitores y chavales sobre los riesgos y oportunidades educativas de la nueva tecnología.
El uso escolar de la IA plantea problemas. El problema es que su rápida expansión no está respondiendo a un plan pensado por las administraciones educativas para mejorar el aprendizaje de los menores. Sino a una carrera de empresas privadas, “movidas por interés económico”, que no han ido a llamar a la puerta del profesorado o de los departamentos de enseñanza.
La cuestión genera preocupación y también “controversia” en las familias catalanas. En su opinión, se trata de poner límites, regular y ser muy cuidadosos con el impacto real que su uso puede tener en su proceso de aprendizaje.
Uno de los principales argumentos a favor del uso profesional de la IA es que permite liberar tiempo de tareas poco relevantes para dedicarlo a otras verdaderamente importantes. Pero en primaria y secundaria, las tareas están pensadas para que los chavales adquieran conocimientos y habilidades durante el proceso de hacerlas.
La inteligencia artificial puede ser una herramienta útil. Los expertos señalan que los niños pueden usarla para pedirle a la IA que cree tarjetas con preguntas y respuestas al estilo del Trivial, o incluso mapas mentales con contenido, o un podcast con el tema para que el estudiante pueda escucharlo mientras camina o hace deporte.
Sin embargo, hay un riesgo de naturaleza muy distinta. La creación de los sistemas educativos de masas no respondió a “ideales democráticos, a la industrialización, ni a la meta de promover el conocimiento o erradicar la pobreza”, sino que se implantaron con “un objetivo político de formar ciudadanos obedientes como parte de un proyecto más amplio de formación y consolidación del Estado nacional”.
La IA puede ser una herramienta poderosa para adoctrinar. Los medios con los que han contado hasta ahora los gobiernos han sido básicamente los libros de texto y su capacidad para influir en la formación y contratación de los docentes. Pero estas siempre han retenido, en mayor o menor medida, cierto grado de autonomía.
El alumnado debe recibir formación escolar sobre un uso adecuado y crítico de la inteligencia artificial. Se trata, apuntan, de una tecnología con gran capacidad tanto para potenciar el aprendizaje como para socavarlo.