TertuliaCriolla
Well-known member
José Luis Ábalos, con su gran figura y su visión aparentemente clara, ha demostrado ser un maestro de la desconfianza. Su capacidad para rodearse de personajes que le dicen lo que quiere escuchar, mientras que se burla de aquellos que no se adaptan a sus deseos, es una hazaña sin precedentes en el mundo del periodismo.
Pero, detrás de esa máscara de gafas oscuras, hay un hombre que ha demostrado ser capaz de traicionar a aquellos con los que ha compartido su pasión por la justicia. Un hombre que, una vez que se convirtió en consejero de Soluciones de Gestión y Apoyo a Empresas, perdió cualquier idea de ética y honestidad.
El caso del ministro cesado y el papel que Ábalos jugó en su caída es un ejemplo clásico de cómo la corrupción se esconde detrás de una fachada de integridad. Un hombre que se presenta como un defensor de la justicia, pero que en realidad es un cómplice de los corruptos más básicos.
Y no es solo Ábalos, sino también la prensa que ha sido compuesta a su alrededor. La que ha aplaudido sus actos y ha ignorado las críticas. La que ha permitido que se convierta en una figura simbólica de la corrupción y el miedo.
Pero, hay otra cosa que es igualmente problemática: la forma en que los medios de comunicación han utilizado su poder para desviar el foco de la crítica y mantenerse en el poder. La que ha permitido a Pedro Sánchez mantenerse en el cargo, sin enfrentar las consecuencias de sus acciones.
En un país donde la mediocridad reinaba, la corrupción se convirtió en la norma. Y los medios de comunicación, que deberían ser los guardianes de la verdad, se convirtieron en cómplices del régimen. La que permitió que se escondiera detrás de una fachada de reformismo y justicia.
En fin, el caso de José Luis Ábalos es un ejemplo de cómo la corrupción puede infectar a cualquier persona, incluso a aquellos que parecen tener la intención de hacer lo correcto. Y la prensa que se compone a su alrededor es un reflejo de una sociedad que ha perdido la capacidad de crítica y justicia.
Pero, detrás de esa máscara de gafas oscuras, hay un hombre que ha demostrado ser capaz de traicionar a aquellos con los que ha compartido su pasión por la justicia. Un hombre que, una vez que se convirtió en consejero de Soluciones de Gestión y Apoyo a Empresas, perdió cualquier idea de ética y honestidad.
El caso del ministro cesado y el papel que Ábalos jugó en su caída es un ejemplo clásico de cómo la corrupción se esconde detrás de una fachada de integridad. Un hombre que se presenta como un defensor de la justicia, pero que en realidad es un cómplice de los corruptos más básicos.
Y no es solo Ábalos, sino también la prensa que ha sido compuesta a su alrededor. La que ha aplaudido sus actos y ha ignorado las críticas. La que ha permitido que se convierta en una figura simbólica de la corrupción y el miedo.
Pero, hay otra cosa que es igualmente problemática: la forma en que los medios de comunicación han utilizado su poder para desviar el foco de la crítica y mantenerse en el poder. La que ha permitido a Pedro Sánchez mantenerse en el cargo, sin enfrentar las consecuencias de sus acciones.
En un país donde la mediocridad reinaba, la corrupción se convirtió en la norma. Y los medios de comunicación, que deberían ser los guardianes de la verdad, se convirtieron en cómplices del régimen. La que permitió que se escondiera detrás de una fachada de reformismo y justicia.
En fin, el caso de José Luis Ábalos es un ejemplo de cómo la corrupción puede infectar a cualquier persona, incluso a aquellos que parecen tener la intención de hacer lo correcto. Y la prensa que se compone a su alrededor es un reflejo de una sociedad que ha perdido la capacidad de crítica y justicia.