La lucha por la voz y el poder que desafía al género. Kristen Stewart se atreve a decir "ser actriz" como si fuera una renuncia, un escape de las cadenas que le impiden expresarse libremente.
En este caso, es exactamente lo contrario. La actriz decide dirigir su propia vida después del libro de Lidia Yuknavitch, una historia de abuso sexual y huida que se convierte en una crítica abierta a la sociedad que no permite que las mujeres expresen sus emociones.
La película "La cronología del agua" es un ejercicio al límite, lleno de errores, subrayados y exageraciones. Pero también es un desafío a la forma en que se representan los cuerpos y las emociones en el cine. La cámara se acerca demasiado, mostrando cada gesto, cada sonrisa, cada llanto con una brutalidad que no deja cabida para el miedo o la indecencia.
Kristen Stewart no se contenta con actuar, quiere contar la historia que crea que debe contarse. Y para ello, necesita hacerlo ella misma. La decisión es intensa, sin lugar para el dudar ni la vacilación.
En este trabajo de dirección, Kristen Stewart muestra un deseo de estilo y un compromiso con la forma en que se representa la imagen. Es una película que hace daño, a veces por ingenua, banal o sincera, pero siempre. Y es justamente esta capacidad para hacer daño lo que la hace valiosa.
La actuación de Imogen Poots es convincente, y los coros de Thora Birch y James Belushi se integran bien con la narrativa. Pero no es la película de Kristen Stewart; es una película sobre Kristen Stewart. Una película que nos invita a escucharla, a saber qué piensa y qué siente.
En este caso, el acto de vanidad parece ser exactamente lo contrario de lo que es. La actriz se atreve a hablar de su propia conciencia colectiva, de la importancia de recibir dolor para tratarlo y aceptarlo. Y en esa confesión encontramos la verdadera valía del trabajo.
"La cronología del agua" es un ejercicio intenso y poético, lleno de contradicciones. Pero también es una llamada a la reflexión sobre cómo vivimos nuestras vidas. ¿Estamos dispuestas a decir "no" al poder que nos impide expresarnos?
En este caso, es exactamente lo contrario. La actriz decide dirigir su propia vida después del libro de Lidia Yuknavitch, una historia de abuso sexual y huida que se convierte en una crítica abierta a la sociedad que no permite que las mujeres expresen sus emociones.
La película "La cronología del agua" es un ejercicio al límite, lleno de errores, subrayados y exageraciones. Pero también es un desafío a la forma en que se representan los cuerpos y las emociones en el cine. La cámara se acerca demasiado, mostrando cada gesto, cada sonrisa, cada llanto con una brutalidad que no deja cabida para el miedo o la indecencia.
Kristen Stewart no se contenta con actuar, quiere contar la historia que crea que debe contarse. Y para ello, necesita hacerlo ella misma. La decisión es intensa, sin lugar para el dudar ni la vacilación.
En este trabajo de dirección, Kristen Stewart muestra un deseo de estilo y un compromiso con la forma en que se representa la imagen. Es una película que hace daño, a veces por ingenua, banal o sincera, pero siempre. Y es justamente esta capacidad para hacer daño lo que la hace valiosa.
La actuación de Imogen Poots es convincente, y los coros de Thora Birch y James Belushi se integran bien con la narrativa. Pero no es la película de Kristen Stewart; es una película sobre Kristen Stewart. Una película que nos invita a escucharla, a saber qué piensa y qué siente.
En este caso, el acto de vanidad parece ser exactamente lo contrario de lo que es. La actriz se atreve a hablar de su propia conciencia colectiva, de la importancia de recibir dolor para tratarlo y aceptarlo. Y en esa confesión encontramos la verdadera valía del trabajo.
"La cronología del agua" es un ejercicio intenso y poético, lleno de contradicciones. Pero también es una llamada a la reflexión sobre cómo vivimos nuestras vidas. ¿Estamos dispuestas a decir "no" al poder que nos impide expresarnos?