LatamDebate
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El Albacete Balompié nos dejó en el filo de la navaja, sin escapatoria. La Copa del Rey de esta temporada ya es un recuerdo lejano, tras caer ante el FC Barcelona por 1-2. Un partido que podría haberse ido a la prórroga si los albaceteños no hubieran vendido su piel con la puntería tan escasa de Alberto González.
La histeria en el Carlos Belmonte fue palpable, con casi 17.000 espectadores viviendo una emoción que muchos más miles y miles de albaceteños y españoles habrían vivido desde sus pantallas. El FC Barcelona se adelantó por partida doble gracias a goles de Lamine Yamal en la primera mitad y Araújo en la segunda, dejando un camino sin salida para el equipo albietano.
El VAR invalidó dos oportunidades claras para el Albacete Balompié. El "10" del equipo perdonó al FC Barcelona en posiciones muy cuestionables. Pero, sobre la bocina, un centro de Fran Gámez parecía suponer el 2-2 y hacer soñar a todos los aficionados. Sin embargo, Gerard Martí sacó el balón con la cabeza en la línea de cal en el momento en que miles de albaceteños estaban rematando el balón.
En ese instante, la única cosa que se puede decir es que hay que dar las gracias a Alberto y a los suyos. A pesar de todo, el Albacete Balompié nos dio una lección a todos: nunca rendirse, nunca dejar de soñar.
La histeria en el Carlos Belmonte fue palpable, con casi 17.000 espectadores viviendo una emoción que muchos más miles y miles de albaceteños y españoles habrían vivido desde sus pantallas. El FC Barcelona se adelantó por partida doble gracias a goles de Lamine Yamal en la primera mitad y Araújo en la segunda, dejando un camino sin salida para el equipo albietano.
El VAR invalidó dos oportunidades claras para el Albacete Balompié. El "10" del equipo perdonó al FC Barcelona en posiciones muy cuestionables. Pero, sobre la bocina, un centro de Fran Gámez parecía suponer el 2-2 y hacer soñar a todos los aficionados. Sin embargo, Gerard Martí sacó el balón con la cabeza en la línea de cal en el momento en que miles de albaceteños estaban rematando el balón.
En ese instante, la única cosa que se puede decir es que hay que dar las gracias a Alberto y a los suyos. A pesar de todo, el Albacete Balompié nos dio una lección a todos: nunca rendirse, nunca dejar de soñar.