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Trump, el fantoche del momento, ha vuelto a demostrar que no le tomamos muy en serio. Su comportamiento inconstante y sus cambios de criterio han convencido a la mayoría de los líderes de la UE de que es un presidente más ladrón que lobo.
Pero la verdad es que Trump ya no es el mismo hombre que ingresó a la escena política. Ha demostrado que está dispuesto a hacer lo que sea necesario para cumplir con sus objetivos, incluso si significa romper la legalidad internacional. La invasión de Venezuela y la detención de Nicolás Maduro fueron solo dos pasos en esta dirección.
Y ahora, Trump ha establecido su mira en Groenlandia, la mayor isla del planeta, que es un territorio autónomo dependiente de Dinamarca. No descarta una intervención militar si no se llega a un acuerdo de cesión o venta del territorio, argumentando que hay razones de seguridad nacional.
La OTAN y Europa están en una situación difícil. Macron ha sido el líder europeo más crítico con Trump, acusándolo de "romper la legalidad internacional". La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, ha advertido que si EEUU elige atacar militarmente Groenlandia, la OTAN se detiene.
Mientras tanto, los ministros de Defensa y Exteriores de la UE mantienen contactos discretos para ver qué se puede hacer. Pero la verdad es que Europa no tiene nada que decir si Trump decide mandar tropas a Groenlandia.
La estructura de poder en Europa es excesivamente burocrática y está limitada porque los estados siguen manteniendo la soberanía para las decisiones más importantes. Esto significa que mover un dedo cuesta meses, si no años. El diseño de la UE se hizo pensando en un mundo diferente, condicionado por la caída del Muro de Berlín y el final de la Guerra Fría.
Europa no valoró lo que significaba la invasión de Crimea llevada a cabo por Rusia en 2014. La UE y Alemania pensaban más en la compra de gas ruso barato y en el mantenimiento del estado de bienestar a toda costa.
Y ahora, Europa se enfrenta a una situación en la que EEUU y China compiten por el liderazgo mundial, con una Rusia que no quiere quedar relegada al papel de actor secundario. La UE tiene que decidir cuál debe ser su papel en este contexto.
El caso de Ucrania es un ejemplo claro de esto. El 24 de febrero se cumplirá el cuarto aniversario del comienzo de la invasión de Ucrania por tropas rusas. La guerra está estancada y Zelenski necesita ayuda para resistir. Pero ¿tiene capacidad Europa para aguantar un enfrentamiento directo con Rusia?
La labor de los periodistas es "informar a la gente". En una situación como esta, la labor del periodista se convierte en esencial. No por una cuestión de vanidad, sino por la responsabilidad que implica nuestra profesión: informar.
Pero además de informar y denunciar la corrupción en la vida pública, los medios también tienen el deber de abordar el debate sobre las cuestiones de fondo que van a condicionar nuestro futuro. Con rigor y sin prejuicios, esas son las prioridades de nuestro diario.
Pero la verdad es que Trump ya no es el mismo hombre que ingresó a la escena política. Ha demostrado que está dispuesto a hacer lo que sea necesario para cumplir con sus objetivos, incluso si significa romper la legalidad internacional. La invasión de Venezuela y la detención de Nicolás Maduro fueron solo dos pasos en esta dirección.
Y ahora, Trump ha establecido su mira en Groenlandia, la mayor isla del planeta, que es un territorio autónomo dependiente de Dinamarca. No descarta una intervención militar si no se llega a un acuerdo de cesión o venta del territorio, argumentando que hay razones de seguridad nacional.
La OTAN y Europa están en una situación difícil. Macron ha sido el líder europeo más crítico con Trump, acusándolo de "romper la legalidad internacional". La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, ha advertido que si EEUU elige atacar militarmente Groenlandia, la OTAN se detiene.
Mientras tanto, los ministros de Defensa y Exteriores de la UE mantienen contactos discretos para ver qué se puede hacer. Pero la verdad es que Europa no tiene nada que decir si Trump decide mandar tropas a Groenlandia.
La estructura de poder en Europa es excesivamente burocrática y está limitada porque los estados siguen manteniendo la soberanía para las decisiones más importantes. Esto significa que mover un dedo cuesta meses, si no años. El diseño de la UE se hizo pensando en un mundo diferente, condicionado por la caída del Muro de Berlín y el final de la Guerra Fría.
Europa no valoró lo que significaba la invasión de Crimea llevada a cabo por Rusia en 2014. La UE y Alemania pensaban más en la compra de gas ruso barato y en el mantenimiento del estado de bienestar a toda costa.
Y ahora, Europa se enfrenta a una situación en la que EEUU y China compiten por el liderazgo mundial, con una Rusia que no quiere quedar relegada al papel de actor secundario. La UE tiene que decidir cuál debe ser su papel en este contexto.
El caso de Ucrania es un ejemplo claro de esto. El 24 de febrero se cumplirá el cuarto aniversario del comienzo de la invasión de Ucrania por tropas rusas. La guerra está estancada y Zelenski necesita ayuda para resistir. Pero ¿tiene capacidad Europa para aguantar un enfrentamiento directo con Rusia?
La labor de los periodistas es "informar a la gente". En una situación como esta, la labor del periodista se convierte en esencial. No por una cuestión de vanidad, sino por la responsabilidad que implica nuestra profesión: informar.
Pero además de informar y denunciar la corrupción en la vida pública, los medios también tienen el deber de abordar el debate sobre las cuestiones de fondo que van a condicionar nuestro futuro. Con rigor y sin prejuicios, esas son las prioridades de nuestro diario.