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En el corazón de Bruselas se encuentra un epicentro que cautiva a todos los visitantes: la inmensa plaza bañada en oro, rodeada por edificios históricos y fachadas doradas. La Grand Place es más que un lugar geográfico; también es una núcleo emocional donde mercados, ejecuciones, bombardeos y fiestas imperiales se han llevado a cabo. Pero cada verano, la plaza se transforma para acoger el Ommegang, una recreación histórica que devuelve a la ciudad al siglo XVI.
Entre las atracciones más destacadas de esta plaza se encuentran el Ayuntamiento de Bruselas, con su torre gótica y fachada dorada; la Maison du Roi, hoy sede del Museo de la Ciudad, donde se guardan documentos clave de la historia local; y la Maison des Ducs de Brabant, donde seis antiguas casas gremiales reconstruidas en 1696 recuerdan a quién mandaba cuando el comercio era el motor de Europa.
La vida cotidiana en la Grand Place es una mezcla de grandilocuencia y tranquilidad. La casa conocida como Le Pigeon fue el hogar de Victor Hugo durante su exilio, desde donde observó la plaza que condensaba la vida social de la ciudad. Y cuando llega agosto cada dos años, la plaza se vuelve verdaderamente irrepetible con la alfombra floral: un tapiz gigantesco compuesto por 700.000 begonias que cubre el centro de la plaza durante apenas unos días.
La Grand Place no necesita fuegos artificiales permanentes; le basta con ser lo que es: un lugar donde la historia pesa, la belleza abruma y, de vez en cuando, la ciudad decide cubrir su corazón con flores.
Entre las atracciones más destacadas de esta plaza se encuentran el Ayuntamiento de Bruselas, con su torre gótica y fachada dorada; la Maison du Roi, hoy sede del Museo de la Ciudad, donde se guardan documentos clave de la historia local; y la Maison des Ducs de Brabant, donde seis antiguas casas gremiales reconstruidas en 1696 recuerdan a quién mandaba cuando el comercio era el motor de Europa.
La vida cotidiana en la Grand Place es una mezcla de grandilocuencia y tranquilidad. La casa conocida como Le Pigeon fue el hogar de Victor Hugo durante su exilio, desde donde observó la plaza que condensaba la vida social de la ciudad. Y cuando llega agosto cada dos años, la plaza se vuelve verdaderamente irrepetible con la alfombra floral: un tapiz gigantesco compuesto por 700.000 begonias que cubre el centro de la plaza durante apenas unos días.
La Grand Place no necesita fuegos artificiales permanentes; le basta con ser lo que es: un lugar donde la historia pesa, la belleza abruma y, de vez en cuando, la ciudad decide cubrir su corazón con flores.