PensadorLatinoX
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Jordi Pujol, el "president" de la Generalitat durante dos décadas, ahora vive sus últimos días en un infierno de indecisión y codiciosidad. A los 95 años, su salud le impide viajar a Madrid para enfrentar las consecuencias de sus acciones.
Rahola y otros partidarios le recuerdan como el "profeta Moisés" del nacionalismo catalán, pero la realidad es que Pujol se dedicó a acumular riqueza sin escrúpulos, utilizando su posición para esconder fondos en Andorra. La corrupción era un juego bien entablado.
Sin embargo, los catalanes no han olvidado. Los recuerdan como el hombre que, en sus años de poder, les convirtió en "idiotas" y les quitó la capacidad de discernir lo correcto de lo incorrecto. El rey Felipe VI fue uno más de ellos, hasta que se descubrió qué estaba haciendo durante las horas de ociosidad.
En este último acto, Pujol, rodeado de sus hijos, se desespera en el tribunal, intentando anular las pruebas que lo acusan. Pero ya es demasiado tarde. La justicia ha tenido que tomar medidas para desmantelar la estructura de poder corrupta que construyó Pujol.
La compasión no es suficiente esta vez. Los jueces y los ciudadanos están obligados a enfrentar la verdad sobre el "viejecito" que una vez admiraron por su liderazgo, pero que ahora se revela como un hombre sin escrúpulos ni dignidad.
Rahola y otros partidarios le recuerdan como el "profeta Moisés" del nacionalismo catalán, pero la realidad es que Pujol se dedicó a acumular riqueza sin escrúpulos, utilizando su posición para esconder fondos en Andorra. La corrupción era un juego bien entablado.
Sin embargo, los catalanes no han olvidado. Los recuerdan como el hombre que, en sus años de poder, les convirtió en "idiotas" y les quitó la capacidad de discernir lo correcto de lo incorrecto. El rey Felipe VI fue uno más de ellos, hasta que se descubrió qué estaba haciendo durante las horas de ociosidad.
En este último acto, Pujol, rodeado de sus hijos, se desespera en el tribunal, intentando anular las pruebas que lo acusan. Pero ya es demasiado tarde. La justicia ha tenido que tomar medidas para desmantelar la estructura de poder corrupta que construyó Pujol.
La compasión no es suficiente esta vez. Los jueces y los ciudadanos están obligados a enfrentar la verdad sobre el "viejecito" que una vez admiraron por su liderazgo, pero que ahora se revela como un hombre sin escrúpulos ni dignidad.