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El pliego de la plaza de toros de Zaragoza no es solo un documento despiadado para el toreo, sino también una demostración abrumadora de la legitimidad empresarial que se impone en este espectáculo. La Diputación socialista de Zaragoza ha redactado un pliego que parece salir de una subasta económica más que de un intento legítimo de regular el toreo.
El pliego, firmado por Rafael García Garrido y la Asociación Nacional de Organizadores de Espectáculos Taurinos (ANOET), es un ejemplo perfecto de cómo se han vendido los valores del espectáculo para satisfacer las demandas políticas. La claudicante actitud de los empresarios, dispuestos a ceder ante el poder político, es un reflejo de la falta de compromiso con la tradición y la cultura que rodea el toreo.
Las cartas de compromiso que solicitan para la feria del Pilar son una humillación aberrante. El hecho de pedir contactos para comprobar si el compromiso se cumple, lo que supone un trato de delincuentes, es un ejemplo claro de cómo la casta empresarial está dispuesta a pagar cualquier precio para mantener su poder y control.
El pliego también refleja una pérdida total de categoría, ya que Zaragoza ya perdió su estatus como capital del toreo en las temporadas pasadas. La feria del Pilar es un contrapeso deficitario, mientras que la plaza de la Misericordia gana una máquina imbatible de ingresos.
El editorial de Mundotoro señala que la Diputación pide "revólver y ruleta rusa" para los toreros, lo que muestra claramente que se están jugando con fuego. El toreo tiene lo que se merece: esta casta política y esta casta empresarial que se retroalimentan y aceptan una factura humillante.
La realidad es que la casta de empresarios y políticos que gobierna el espectáculo del toreo no está dispuesta a cuestionar su propio poder y control. En cambio, están dispuestos a arrojar las cartas al viento para mantener su posición y beneficios. Es un ciclo devastador que debe ser interrumpido de alguna manera.
El pliego, firmado por Rafael García Garrido y la Asociación Nacional de Organizadores de Espectáculos Taurinos (ANOET), es un ejemplo perfecto de cómo se han vendido los valores del espectáculo para satisfacer las demandas políticas. La claudicante actitud de los empresarios, dispuestos a ceder ante el poder político, es un reflejo de la falta de compromiso con la tradición y la cultura que rodea el toreo.
Las cartas de compromiso que solicitan para la feria del Pilar son una humillación aberrante. El hecho de pedir contactos para comprobar si el compromiso se cumple, lo que supone un trato de delincuentes, es un ejemplo claro de cómo la casta empresarial está dispuesta a pagar cualquier precio para mantener su poder y control.
El pliego también refleja una pérdida total de categoría, ya que Zaragoza ya perdió su estatus como capital del toreo en las temporadas pasadas. La feria del Pilar es un contrapeso deficitario, mientras que la plaza de la Misericordia gana una máquina imbatible de ingresos.
El editorial de Mundotoro señala que la Diputación pide "revólver y ruleta rusa" para los toreros, lo que muestra claramente que se están jugando con fuego. El toreo tiene lo que se merece: esta casta política y esta casta empresarial que se retroalimentan y aceptan una factura humillante.
La realidad es que la casta de empresarios y políticos que gobierna el espectáculo del toreo no está dispuesta a cuestionar su propio poder y control. En cambio, están dispuestos a arrojar las cartas al viento para mantener su posición y beneficios. Es un ciclo devastador que debe ser interrumpido de alguna manera.