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La tragedia de Córdoba, que ha dejado un marcador a fuego en la comunidad de Adamuz, es una recordatorio cruel del impacto emocional de las tragedias como esta. Los equipos de emergencia y los profesionales de la psicología juegan un papel determinante para aliviar el dolor de las familias de las víctimas, de las personas que siguen buscando a sus seres queridos y de las que han sufrido en primera persona el accidente y han sobrevivido pero deben lidiar con el shock psicológico que les genera haber presenciado una desgracia tan tremenda.
"La atención que prestan los expertos es fundamental para mitigar los síntomas posteriores", explica Andreea Apostol, psicóloga especializada en situaciones de emergencias. "Es importante ofrecerles diversa ayuda comunitaria y de salud si lo necesitan". Sin embargo, también subraya la importancia de mantener un canal de comunicación abierto con personas de referencia para que las familias puedan avanzar en el proceso de información.
Gemma Cuartero, coordinadora de Psicología de emergencia del SEM, destaca que en relación con las familias de las víctimas que todavía esperan saber si su ser querido ha fallecido o no es determinante la información. "Uno quiere saber ya dónde está su familiar pero es un proceso lento, el de la identificación, porque no admite margen de error". También destaca la importancia de mantener un espacio de intimidad y presencia calmada para los supervivientes, ya que el cerebro necesita desactivar la amenaza.
Los supervivientes de este tipo de acontecimientos entran en un estado de shock, una cierta anestesia emocional y del cuerpo. "Hay que respetar el ritmo de cada cual, no forzar nada: ni hablar ni explicar", explica Mònica Cunill, doctora en Psicología. "Básicamente se trata de esta presencia en seguridad y orientación hacia el presente: 'estás aquí, a salvo, estoy aquí'".
Un estrés postraumático se diagnostica a partir de un mes después del incidente traumático, según Apostol. La intervención está pensada para mitigar los síntomas posteriores con pautas de psicoeducación y autocuidado.
"La atención que prestan los expertos es fundamental para mitigar los síntomas posteriores", explica Andreea Apostol, psicóloga especializada en situaciones de emergencias. "Es importante ofrecerles diversa ayuda comunitaria y de salud si lo necesitan". Sin embargo, también subraya la importancia de mantener un canal de comunicación abierto con personas de referencia para que las familias puedan avanzar en el proceso de información.
Gemma Cuartero, coordinadora de Psicología de emergencia del SEM, destaca que en relación con las familias de las víctimas que todavía esperan saber si su ser querido ha fallecido o no es determinante la información. "Uno quiere saber ya dónde está su familiar pero es un proceso lento, el de la identificación, porque no admite margen de error". También destaca la importancia de mantener un espacio de intimidad y presencia calmada para los supervivientes, ya que el cerebro necesita desactivar la amenaza.
Los supervivientes de este tipo de acontecimientos entran en un estado de shock, una cierta anestesia emocional y del cuerpo. "Hay que respetar el ritmo de cada cual, no forzar nada: ni hablar ni explicar", explica Mònica Cunill, doctora en Psicología. "Básicamente se trata de esta presencia en seguridad y orientación hacia el presente: 'estás aquí, a salvo, estoy aquí'".
Un estrés postraumático se diagnostica a partir de un mes después del incidente traumático, según Apostol. La intervención está pensada para mitigar los síntomas posteriores con pautas de psicoeducación y autocuidado.