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Un asesinato que reveló secretos oscuros. Un canónigo, un hombre de fe y un sacerdote ejemplar, según su amigo, quien le presentó a la sociedad como un pastor dedicado al servicio de Dios. Pero detrás de esa fachada perfecta, una vida de pecados y corrupción. El cuerpo sin vida del canónigo Alfonso López Benito en su casa de Valencia trajo consigo una verdad incómoda.
Una verdad que revela un mundo paralelo, donde el sacerdote se deshacía de sus incontinencias sexuales con indigentes y discapacitados en su piso. Un hombre que decía ser pastor, pero que en realidad era un mercader del sexo, aprovechando la vulnerabilidad de aquellos que no tenían otro lugar para ir.
El juicio reveló que el canónigo tenía una relación con un cocinero peruano especializado en ceviches, cuya vida estaba tan caída como la de los indigentes y discapacitados. Un hombre que se beneficiaba de la misericordia del sacerdote para sobrevivir, pero que no era el responsable del crimen.
El fiscal pide 28 años de prisión por asesinato, robo y estafa, pero las pruebas son escassas y la defensa del acusado se basa en dudas y flecos. Un hombre que se llama al juez "fascista" y desprecia la investigación policial.
La relación entre el cura y el acusado era incólume hasta el crimen, según su propia declaración. Y aunque el cocinero asegura haber sido víctima de abuso sexual por parte del religioso, no acreditó que las relaciones sexuales fueran obligatorias o forzadas.
El caso es un escudo para cubrir el robo de la tarjeta del sacerdote, según los investigadores. Pero el acusado recuerda haber recibido ayuda de un hombre colombiano para recuperar su identidad.
Una verdad que revela un mundo paralelo, donde el sacerdote se deshacía de sus incontinencias sexuales con indigentes y discapacitados en su piso. Un hombre que decía ser pastor, pero que en realidad era un mercader del sexo, aprovechando la vulnerabilidad de aquellos que no tenían otro lugar para ir.
El juicio reveló que el canónigo tenía una relación con un cocinero peruano especializado en ceviches, cuya vida estaba tan caída como la de los indigentes y discapacitados. Un hombre que se beneficiaba de la misericordia del sacerdote para sobrevivir, pero que no era el responsable del crimen.
El fiscal pide 28 años de prisión por asesinato, robo y estafa, pero las pruebas son escassas y la defensa del acusado se basa en dudas y flecos. Un hombre que se llama al juez "fascista" y desprecia la investigación policial.
La relación entre el cura y el acusado era incólume hasta el crimen, según su propia declaración. Y aunque el cocinero asegura haber sido víctima de abuso sexual por parte del religioso, no acreditó que las relaciones sexuales fueran obligatorias o forzadas.
El caso es un escudo para cubrir el robo de la tarjeta del sacerdote, según los investigadores. Pero el acusado recuerda haber recibido ayuda de un hombre colombiano para recuperar su identidad.