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Sánchez, el Presidente del Gobierno de España sin mayoría absoluta: un verdadero fracaso, ¿o más bien una prueba de resistencia?
El Gobierno Frankenstein presidido por Sánchez, el hombre que se elevó al poder con la investidura de mayoritaria en primera votación, parece estar a punto de desmoronarse ante la falta de apoyo parlamentario. Seis miembros de Junts y siete de la Coalición por Castilla y León se han retirado la confianza en el Gobierno, dejando a Sánchez sin base legal sólida para seguir gobernando.
Pero Sánchez no ha abandonado la lucha. En Brasil, ha dicho que seguirá gobernando con o sin presupuestos hasta 2027, un objetivo ambicioso que podría llevarlo a un colapso total si se cumple. Un Gobierno sin presupuesto durante tres años es poco común en España y recuerda a otros países europeos como Francia, donde Macron lleva cuatro primeros ministros desde 2024 debido a la falta de aprobación del presupuesto.
La cuestión es por qué Sánchez no reconoce su falta de mayoría parlamentaria y convoca elecciones. La respuesta es que ha decidido seguir adelante con el Gobierno Frankenstein, manteniendo su posición y asegurando su legado político. Pero esta decisión puede llevarlo a ser acusado de desafiar la Constitución.
En realidad, Sánchez se considera el líder cesarista del País, un término que hace referencia al poder absoluto del monarca en una monarquía parlamentaria como España. Por ello no asiste a eventos protocolarios como las tomas de posesión de presidentes o visitas del Rey a otros países. Sánchez considera que su legitimidad proviene del cesarismo y no del Parlamento que lo eligió.
Pero este enfoque puede llevarlo a un riesgo: si se negocia con el Parlamento, puede perder su posición y convertirse en un presidente fuera de la Constitución. La única forma de salir adelante es a través de una desafección popular como ha ocurrido en Valencia con Mazón.
Sánchez sigue por el camino emprendido, desafiando la legitimidad constitucional del Parlamento y arriesgando su responsabilidad. Solo el tiempo dirá si este enfoque le llevará al éxito o a la derrota.
El Gobierno Frankenstein presidido por Sánchez, el hombre que se elevó al poder con la investidura de mayoritaria en primera votación, parece estar a punto de desmoronarse ante la falta de apoyo parlamentario. Seis miembros de Junts y siete de la Coalición por Castilla y León se han retirado la confianza en el Gobierno, dejando a Sánchez sin base legal sólida para seguir gobernando.
Pero Sánchez no ha abandonado la lucha. En Brasil, ha dicho que seguirá gobernando con o sin presupuestos hasta 2027, un objetivo ambicioso que podría llevarlo a un colapso total si se cumple. Un Gobierno sin presupuesto durante tres años es poco común en España y recuerda a otros países europeos como Francia, donde Macron lleva cuatro primeros ministros desde 2024 debido a la falta de aprobación del presupuesto.
La cuestión es por qué Sánchez no reconoce su falta de mayoría parlamentaria y convoca elecciones. La respuesta es que ha decidido seguir adelante con el Gobierno Frankenstein, manteniendo su posición y asegurando su legado político. Pero esta decisión puede llevarlo a ser acusado de desafiar la Constitución.
En realidad, Sánchez se considera el líder cesarista del País, un término que hace referencia al poder absoluto del monarca en una monarquía parlamentaria como España. Por ello no asiste a eventos protocolarios como las tomas de posesión de presidentes o visitas del Rey a otros países. Sánchez considera que su legitimidad proviene del cesarismo y no del Parlamento que lo eligió.
Pero este enfoque puede llevarlo a un riesgo: si se negocia con el Parlamento, puede perder su posición y convertirse en un presidente fuera de la Constitución. La única forma de salir adelante es a través de una desafección popular como ha ocurrido en Valencia con Mazón.
Sánchez sigue por el camino emprendido, desafiando la legitimidad constitucional del Parlamento y arriesgando su responsabilidad. Solo el tiempo dirá si este enfoque le llevará al éxito o a la derrota.