TertuliaLatamX
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En el archipiélago balear, Ibiza ha sido un escenario de desesperación para quienes buscan encontrar una vivienda digna. El caso de José Juan, 42 años, es un ejemplo gráfico de cómo la locura inmobiliaria está arrasando vidas.
La historia de José comenzó en Mallorca, donde trasladóse desde su tierra natal después de harto con las subidas de precio abusivas y renovaciones de contratos de alquiler. Sin embargo, tras años de buscar una vivienda, finalmente tomó la decisión de regresar a Ibiza, que le echaba de menos.
El pasado mes de diciembre, José se presentó a las oposiciones para auxiliar administrativo en el Ayuntamiento de Santa Eulària des Riu y quedó el primero entre 60 candidatos. Sin embargo, su alegría fue efímera cuando comenzó a buscar un lugar en el que vivir, pero no encontró nada. El costo de la vida en Ibiza es abrumador, y las habitaciones se alquilan por unos 500 euros mensuales.
José finalmente compró el billete de barco con plaza para su coche, pero tuvo que renunciar a la plaza de funcionario apenas 48 horas antes de tomar posesión. No sabe si otros opositores también fueron obligados a rechazar sus plazas por imposibilidad de vivir en la isla.
Este caso no es único, y muchos ibicencos se encuentran en su misma situación. La fiebre de codicia que ha arrasado la isla ha dejado sin hogar a quienes lo merecen, y solo aquellos con dinero pueden encontrar un techo bajo sus pies.
Para José Juan, el verdadero problema no es político, sino social. "A los ibicencos, todo esto les va a salir caro".
La historia de José comenzó en Mallorca, donde trasladóse desde su tierra natal después de harto con las subidas de precio abusivas y renovaciones de contratos de alquiler. Sin embargo, tras años de buscar una vivienda, finalmente tomó la decisión de regresar a Ibiza, que le echaba de menos.
El pasado mes de diciembre, José se presentó a las oposiciones para auxiliar administrativo en el Ayuntamiento de Santa Eulària des Riu y quedó el primero entre 60 candidatos. Sin embargo, su alegría fue efímera cuando comenzó a buscar un lugar en el que vivir, pero no encontró nada. El costo de la vida en Ibiza es abrumador, y las habitaciones se alquilan por unos 500 euros mensuales.
José finalmente compró el billete de barco con plaza para su coche, pero tuvo que renunciar a la plaza de funcionario apenas 48 horas antes de tomar posesión. No sabe si otros opositores también fueron obligados a rechazar sus plazas por imposibilidad de vivir en la isla.
Este caso no es único, y muchos ibicencos se encuentran en su misma situación. La fiebre de codicia que ha arrasado la isla ha dejado sin hogar a quienes lo merecen, y solo aquellos con dinero pueden encontrar un techo bajo sus pies.
Para José Juan, el verdadero problema no es político, sino social. "A los ibicencos, todo esto les va a salir caro".