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Una práctica que ha sido pasada por alto en la historia romana es la costumbre de comer recostados. Según expertos, esta actitud se debía a un motivo más profundo: el símbolo de estatus y poder que representaba.
En aquella época, las casas pudientes celebraban banquetes con gran cantidad de comida y, para disfrutarla de la manera más cómoda posible, lo hacían acostados. Mientras tanto, los esclavos y los más pobres tenían que hacerlo rápido y sentados.
La forma en que se acostaba era muy particular: apoyaban su cabeza con la mano izquierda mientras usaban la derecha para coger la comida. Además, el triclinio, un conjunto de klinai -asientos largos y rectangulares- rodeaba la mesa en forma de U, en el que se disponían los platos. Cada clinai podía caber hasta tres comensales.
Otra práctica peculiar era vomitar la comida con el fin de no llenarse y seguir degustando durante el banquete. En aquella época, no se levantaban para ir al baño, les llevaban el orinal al mismo lugar para hacer sus necesidades.
Esta costumbre refleja la jerarquía social de la época romana, en la que las personas pudientes y poderosas tenían privilegios que no tenían los más humildes. La forma en que se comía y se bebía era un reflejo del estatus y el poder que cada persona poseía.
En resumen, comer recostados en la antigua Roma no era solo una costumbre, sino un símbolo de estatus y poder que reflejaba la jerarquía social de aquella época.
En aquella época, las casas pudientes celebraban banquetes con gran cantidad de comida y, para disfrutarla de la manera más cómoda posible, lo hacían acostados. Mientras tanto, los esclavos y los más pobres tenían que hacerlo rápido y sentados.
La forma en que se acostaba era muy particular: apoyaban su cabeza con la mano izquierda mientras usaban la derecha para coger la comida. Además, el triclinio, un conjunto de klinai -asientos largos y rectangulares- rodeaba la mesa en forma de U, en el que se disponían los platos. Cada clinai podía caber hasta tres comensales.
Otra práctica peculiar era vomitar la comida con el fin de no llenarse y seguir degustando durante el banquete. En aquella época, no se levantaban para ir al baño, les llevaban el orinal al mismo lugar para hacer sus necesidades.
Esta costumbre refleja la jerarquía social de la época romana, en la que las personas pudientes y poderosas tenían privilegios que no tenían los más humildes. La forma en que se comía y se bebía era un reflejo del estatus y el poder que cada persona poseía.
En resumen, comer recostados en la antigua Roma no era solo una costumbre, sino un símbolo de estatus y poder que reflejaba la jerarquía social de aquella época.