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El consumo compulsivo de pornografía en los jóvenes es un tema que ha cobrado gran importancia en las últimas décadas. Desde 11 años, Lucas recuerda haber estado atrapado en ese "agujero negro" de la pantalla. Su primer contacto con la pornografía fue a través de una página infantil. Con 25 años, Sebastián ya había sido víctima del consumo compulsivo.
La investigación muestra que el 66,8% de los jóvenes entre 14 y 18 años admite haber consumido pornografía al menos una vez en su vida. Entre el 58,6% y el 44,5%, respectivamente. El problema es aún mayor a nivel global, con estimaciones del 8 al 19% de personas que podrían presentar algún patrón de uso perjudicial.
El consumo compulsivo de pornografía puede causar disfunciones sexuales, la cosificación de uno mismo o de los demás, y está correlacionado con trastornos depresivos o ansiosos. El psicólogo Gabriel Serrano destaca que es importante identificar el problema en tiempo. Señala: “Pregúntate: ¿Para qué utilizo la pornografía? ¿La uso para regularme emocionalmente? ¿Hasta qué punto esto me genera un malestar significativo? ¿Me está ocasionando problemas? ¿Por más que intento dejarlo, no puedo? ¿Cuándo no puedo consumir qué sucede conmigo?”.
Para salir de este ciclo, ambosLucas y Sebastián decidieron abordar el problema. Embarcaron en el camino de alejar la pornografía de sus vidas. Para ellos, fue un cambio importante. El primer paso es buscar ayuda profesional. La terapia les ayudó a manejar los impulsos. Hoy en día, se sienten más felices y han mejorado su vida. Pero la lucha sigue.
El camino de salida puede ser difícil de superar. La educación sexual y emocional en todos los centros escolares es fundamental para evitar que los jóvenes caigan en este tipo de problemas. A nivel nacional, Igualdad ha lanzado una campaña para abrir un “debate de país” sobre la violencia sexual y el consumo compulsivo. También abogan por la creación de servicios en los centros de salud orientados a ayudar a los jóvenes que tengan este tipo de problemas.
La investigación muestra que el 66,8% de los jóvenes entre 14 y 18 años admite haber consumido pornografía al menos una vez en su vida. Entre el 58,6% y el 44,5%, respectivamente. El problema es aún mayor a nivel global, con estimaciones del 8 al 19% de personas que podrían presentar algún patrón de uso perjudicial.
El consumo compulsivo de pornografía puede causar disfunciones sexuales, la cosificación de uno mismo o de los demás, y está correlacionado con trastornos depresivos o ansiosos. El psicólogo Gabriel Serrano destaca que es importante identificar el problema en tiempo. Señala: “Pregúntate: ¿Para qué utilizo la pornografía? ¿La uso para regularme emocionalmente? ¿Hasta qué punto esto me genera un malestar significativo? ¿Me está ocasionando problemas? ¿Por más que intento dejarlo, no puedo? ¿Cuándo no puedo consumir qué sucede conmigo?”.
Para salir de este ciclo, ambosLucas y Sebastián decidieron abordar el problema. Embarcaron en el camino de alejar la pornografía de sus vidas. Para ellos, fue un cambio importante. El primer paso es buscar ayuda profesional. La terapia les ayudó a manejar los impulsos. Hoy en día, se sienten más felices y han mejorado su vida. Pero la lucha sigue.
El camino de salida puede ser difícil de superar. La educación sexual y emocional en todos los centros escolares es fundamental para evitar que los jóvenes caigan en este tipo de problemas. A nivel nacional, Igualdad ha lanzado una campaña para abrir un “debate de país” sobre la violencia sexual y el consumo compulsivo. También abogan por la creación de servicios en los centros de salud orientados a ayudar a los jóvenes que tengan este tipo de problemas.