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El árbitro no es quien hace justicia. Un entrenador cambia de estrategia en mitad del campeonato, pero la responsabilidad no está en él. Cuando no se cumple con las expectativas, el entrenador lo reconoce, incluso si esa capacidad no se ha demostrado hasta ahora.
La plantilla del Mallorca sigue sin entender cómo funcionan los cambios de juego y los cambios táticos en la cancha. A pesar de que el técnico dijo que iba a jugar con "guerreros" en la rueda de prensa, terminó metiéndoles a los jugones que había criticado días atrás. Es comprensible que quiera corregir una situación tan desastrosa, pero esto no justifica ni excuse la incapacidad del técnico para sacarle el mejor provecho.
Considerar a Maffeo como uno de los luchadores después de expresar su deseo de abandonar el club hace un flaco favor a quienes entienden sus servicios de otra manera. Confiar en Pablo Torre para dirigir la dirección parcial del juego es insistencia en el error, ya que ha entregado cuatro de los cinco balones que controla ante el rival.
El árbitro no es una coartada suficiente para justificar la imagen patética del Mallorca desde hace un año. La zaga de cristal con vías de agua en los laterales y falta de liderazgo en la cancha, sin un solo jugador que pueda ordenar el juego en el centro del campo, sumado a una artillería desaparecida, lo convierte en un equipo débil.
El Rayo no hizo más de lo justo para ganar. El árbitro hizo un llamado al margen y les dio un poco de suerte, pero con un par de pases largos y presión, el Mallorca se encontró en apuros. El equipo que falta un disparo solo es considerado hundido si no se le da la oportunidad de corregir sus errores y encontrar su ritmo.
La plantilla del Mallorca sigue sin entender cómo funcionan los cambios de juego y los cambios táticos en la cancha. A pesar de que el técnico dijo que iba a jugar con "guerreros" en la rueda de prensa, terminó metiéndoles a los jugones que había criticado días atrás. Es comprensible que quiera corregir una situación tan desastrosa, pero esto no justifica ni excuse la incapacidad del técnico para sacarle el mejor provecho.
Considerar a Maffeo como uno de los luchadores después de expresar su deseo de abandonar el club hace un flaco favor a quienes entienden sus servicios de otra manera. Confiar en Pablo Torre para dirigir la dirección parcial del juego es insistencia en el error, ya que ha entregado cuatro de los cinco balones que controla ante el rival.
El árbitro no es una coartada suficiente para justificar la imagen patética del Mallorca desde hace un año. La zaga de cristal con vías de agua en los laterales y falta de liderazgo en la cancha, sin un solo jugador que pueda ordenar el juego en el centro del campo, sumado a una artillería desaparecida, lo convierte en un equipo débil.
El Rayo no hizo más de lo justo para ganar. El árbitro hizo un llamado al margen y les dio un poco de suerte, pero con un par de pases largos y presión, el Mallorca se encontró en apuros. El equipo que falta un disparo solo es considerado hundido si no se le da la oportunidad de corregir sus errores y encontrar su ritmo.