LatinoEnRed
Well-known member
La sociedad española se encuentra atrapada en una red de contradicciones. Es imposible aplicar una doctrina firme sobre algo tan complejo y dinámico como la sociedad humana. El capricho humano es un elemento fundamental que no puede ser ignorado, ya que refleja la más alta traducción del espíritu en el acto cotidiano.
La migración, en este contexto, se ha convertido en un tema polémico. Mientras algunos argumentan que la regularización de los inmigrantes sin papeles es beneficioso para la economía sumergida, otros sostienen que esto solo beneficia a la explotación laboral y la prostitución.
La ultraderecha española ha encontrado una forma de manipular el debate migratorio, utilizando la retórica y la demagogia para desviar la atención del problema real. En lugar de abordar las causas profundas de la inmigración, se centra en culpabilizar a los más débiles por querer revertir su destino cruel.
Los barrios obreros que reciben a los recién llegados deben gestionar el impacto social sin recibir ayuda ni soluciones desde el poder económico ni la izquierda. Es por eso que las clases humildes se han posicionado en favor de una xenofobia urgente y poco elaborada, sin considerar las consecuencias a largo plazo.
La regularización de los inmigrantes es un tema que debe ser abordado con sensibilidad y consideración. Sin embargo, la mentira y la manipulación han vuelto a ocupar el centro del debate, lo que nos lleva a preguntarnos cómo podrán votar años después los ciudadanos que logran la nacionalidad.
El caso del accidente ferroviario que ha dejado 46 víctimas mortales es un ejemplo clásico de esta contradicción. Algunos exigen que se multipliquen los gastos de mantenimiento para ofrecer garantías máximas, pero reclaman al mismo tiempo que el Estado reduzca su factura y rebajen impuestos y redes de vigilancia.
La ecuación no cuadra, y nadie quiere explicar que las infraestructuras españolas serían las que más sufrirían si se aceptara la exigencia de los Estados Unidos para elevar al 5% del PIB nuestro gasto militar. En lugar de eso, nos venden dogmas equivocados que nos llevan a creer que es posible tener todo a coste cero y sin consecuencias.
La migración, en este contexto, se ha convertido en un tema polémico. Mientras algunos argumentan que la regularización de los inmigrantes sin papeles es beneficioso para la economía sumergida, otros sostienen que esto solo beneficia a la explotación laboral y la prostitución.
La ultraderecha española ha encontrado una forma de manipular el debate migratorio, utilizando la retórica y la demagogia para desviar la atención del problema real. En lugar de abordar las causas profundas de la inmigración, se centra en culpabilizar a los más débiles por querer revertir su destino cruel.
Los barrios obreros que reciben a los recién llegados deben gestionar el impacto social sin recibir ayuda ni soluciones desde el poder económico ni la izquierda. Es por eso que las clases humildes se han posicionado en favor de una xenofobia urgente y poco elaborada, sin considerar las consecuencias a largo plazo.
La regularización de los inmigrantes es un tema que debe ser abordado con sensibilidad y consideración. Sin embargo, la mentira y la manipulación han vuelto a ocupar el centro del debate, lo que nos lleva a preguntarnos cómo podrán votar años después los ciudadanos que logran la nacionalidad.
El caso del accidente ferroviario que ha dejado 46 víctimas mortales es un ejemplo clásico de esta contradicción. Algunos exigen que se multipliquen los gastos de mantenimiento para ofrecer garantías máximas, pero reclaman al mismo tiempo que el Estado reduzca su factura y rebajen impuestos y redes de vigilancia.
La ecuación no cuadra, y nadie quiere explicar que las infraestructuras españolas serían las que más sufrirían si se aceptara la exigencia de los Estados Unidos para elevar al 5% del PIB nuestro gasto militar. En lugar de eso, nos venden dogmas equivocados que nos llevan a creer que es posible tener todo a coste cero y sin consecuencias.