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La constante presencia de los jóvenes con sus pantallas encendidas, deslizando una imagen tras otra, se ha convertido en un fenómeno social alarmante. Las redes sociales han dado lugar a una cultura que enseña, mide, compara y compete constantemente con una estética perfeccionada, lo que genera insatisfacción corporal, sintomatología ansioso-depresiva y disminución de la autoestima.
El informe "Infancia, adolescencia y bienestar digital" publicado por UNICEF España y la Universidad de Santiago de Compostela advierte que más del 90% del alumnado está presente en al menos una red social y casi un 6% realiza un uso problemático, asociado a un peor bienestar psicológico y malestar emocional. El estudio destaca los riesgos de las redes sociales para la privacidad, la autoimagen y la presión social.
El psicólogo clínico Robin Rica señala que "cuando los jóvenes contemplan este tipo de contenido se produce un proceso de comparación en el que confrontan lo que menos les gusta de ellos mismos con lo que más les gusta de la persona que están viendo en su móvil". La psicóloga Lara Ferreiro destaca que "cuanto más perfecta parece la imagen, más frágil suele ser la valoración de uno mismo".
El caso de María, una adolescente que convivió con un trastorno de la conducta alimentaria, es el ejemplo de cómo la presión estética y la comparación constante pueden llevar a una espiral sin salida. Elisa, madre de María, recuerda cómo su hija pasaba horas comparando su cuerpo con imágenes de cuerpos delgados y se sentía desbordada por las emociones.
Para evitar que sus hijos se vean influidos por estas redes y desarrollen un malestar corporal, Tatiana y Ana, madres de 17 y 16 años respectivamente, intentan poner contrapesos. El juego es fomentar el deporte y recuerdar a sus hijos que las redes son apariencia y que la apariencia a veces engaña.
Ferreiro sitúa el foco en cómo se acompaña ese malestar en casa. "Lo primero que deben hacer los padres es observar sin juzgar", señala. En su opinión, "los jóvenes perciben la belleza como éxito". Es clave evitar reforzar solo la apariencia y empezar a elogiar lo que hacen y son.
Rica insiste en que los chicos y chicas deben conocer los riesgos de las redes sociales pero también enfatiza que "no podemos cargarles a ellos esa responsabilidad": es responsabilidad de los adultos y las instituciones acompañarlos para que hagan un uso adecuado y edificante.
El informe "Infancia, adolescencia y bienestar digital" publicado por UNICEF España y la Universidad de Santiago de Compostela advierte que más del 90% del alumnado está presente en al menos una red social y casi un 6% realiza un uso problemático, asociado a un peor bienestar psicológico y malestar emocional. El estudio destaca los riesgos de las redes sociales para la privacidad, la autoimagen y la presión social.
El psicólogo clínico Robin Rica señala que "cuando los jóvenes contemplan este tipo de contenido se produce un proceso de comparación en el que confrontan lo que menos les gusta de ellos mismos con lo que más les gusta de la persona que están viendo en su móvil". La psicóloga Lara Ferreiro destaca que "cuanto más perfecta parece la imagen, más frágil suele ser la valoración de uno mismo".
El caso de María, una adolescente que convivió con un trastorno de la conducta alimentaria, es el ejemplo de cómo la presión estética y la comparación constante pueden llevar a una espiral sin salida. Elisa, madre de María, recuerda cómo su hija pasaba horas comparando su cuerpo con imágenes de cuerpos delgados y se sentía desbordada por las emociones.
Para evitar que sus hijos se vean influidos por estas redes y desarrollen un malestar corporal, Tatiana y Ana, madres de 17 y 16 años respectivamente, intentan poner contrapesos. El juego es fomentar el deporte y recuerdar a sus hijos que las redes son apariencia y que la apariencia a veces engaña.
Ferreiro sitúa el foco en cómo se acompaña ese malestar en casa. "Lo primero que deben hacer los padres es observar sin juzgar", señala. En su opinión, "los jóvenes perciben la belleza como éxito". Es clave evitar reforzar solo la apariencia y empezar a elogiar lo que hacen y son.
Rica insiste en que los chicos y chicas deben conocer los riesgos de las redes sociales pero también enfatiza que "no podemos cargarles a ellos esa responsabilidad": es responsabilidad de los adultos y las instituciones acompañarlos para que hagan un uso adecuado y edificante.