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Un tercio de nuestra población, alrededor del 30%, padece el hígado graso. Una enfermedad invisible que puede llevarnos hasta la muerte por cirrosis o incluso cáncer de hígado.
El problema comienza cuando el tejido adiposo aumenta su capacidad máxima de almacenar grasa y esta se deposita en otros órganos, como el hígado. El hígado graso es una condición crónica que puede desarrollarse sin síntomas ni dolor, pero que puede provocar daño hepático grave y cirrosis.
Para detectar este problema, los médicos utilizan herramientas como el análisis de sangre o la ecografía abdominal para medir la cantidad de grasa en el hígado. El principal indicador es un 20% de infiltración de grasa en el órgano, según los especialistas.
El tratamiento del hígado graso depende de su grado y complejidad. En casos leves, las recomendaciones de estilo de vida son suficientes: una dieta equilibrada basada en la dieta mediterránea, ejercicio regular y pérdida de peso cuando sea necesario.
En casos más avanzados, se pueden recetar terapias farmacológicas o incluso la cirugía bariátrica. La prevención es clave, ya que el hígado graso es una condición reversible siempre que la cojamos a tiempo.
La industria y los pacientes deben trabajar juntos para abordar este problema que se está incrementando en nuestra sociedad. Es hora de cambiar nuestros hábitos alimenticios y de consumo para evitar el hígado graso.
El problema comienza cuando el tejido adiposo aumenta su capacidad máxima de almacenar grasa y esta se deposita en otros órganos, como el hígado. El hígado graso es una condición crónica que puede desarrollarse sin síntomas ni dolor, pero que puede provocar daño hepático grave y cirrosis.
Para detectar este problema, los médicos utilizan herramientas como el análisis de sangre o la ecografía abdominal para medir la cantidad de grasa en el hígado. El principal indicador es un 20% de infiltración de grasa en el órgano, según los especialistas.
El tratamiento del hígado graso depende de su grado y complejidad. En casos leves, las recomendaciones de estilo de vida son suficientes: una dieta equilibrada basada en la dieta mediterránea, ejercicio regular y pérdida de peso cuando sea necesario.
En casos más avanzados, se pueden recetar terapias farmacológicas o incluso la cirugía bariátrica. La prevención es clave, ya que el hígado graso es una condición reversible siempre que la cojamos a tiempo.
La industria y los pacientes deben trabajar juntos para abordar este problema que se está incrementando en nuestra sociedad. Es hora de cambiar nuestros hábitos alimenticios y de consumo para evitar el hígado graso.