"Psicólogo Alin Comșa: el misterio de elegir a alguien que se parece a nuestros padres"
En un mundo donde las relaciones afectivas son complejas y multifacéticas, hay patrones que repiten sin que nos demos cuenta. Una de estas tendencias es elegir parejas que se parecen a nuestros propios padres, no solo en el plano emocional, sino también físico. Esto no es casualidad, sino un mecanismo psicológico profundo que busca validación y reafirmación.
Según Comșa, pasamos a la adultez con una estructura mental marcada por lo que conocemos y que nos ha dado identidad. Queremos afirmar que lo que tenemos, lo que somos, lo que sabemos y lo que hemos vivido es correcto. Por eso, al elegir pareja, buscamos de forma inconsciente rasgos familiares, figuras que nos devuelvan la idea de que nuestra historia personal "funciona".
La búsqueda de validación explica también por qué muchas parejas, después de convivir durante años, desarrollan pareidos físicos o gestuales. Comșa lo explica sencillamente: "Uno copia al otro". Con el tiempo, imitar expresiones, tonos de voz o formas de reaccionar acaba creando una similitud evidente. Para el psicólogo, este reflejo es una manera de reforzar nuestra identidad y obtener estabilidad emocional dentro de la relación.
Sin embargo, esta tendencia no solo se limita a las relaciones románticas. También se manifiesta en discusiones con extraños, en redes sociales o incluso en situaciones cotidianas. Comșa apunta que vivimos en una época donde "la verdad suprema es la verdad personal", una verdad que defendemos incluso cuando no tiene fundamento.
En este sentido, elegir a alguien que se parece a nuestros padres o terminar pareciéndonos a nuestra pareja no es un accidente romántico, sino un mecanismo psicológico que refuerza nuestras certezas y nuestra identidad. Un recordatorio de que lo familiar nos resulta cómodo porque nos dice quiénes somos y por qué creemos lo que creemos.
"La búsqueda de la similitud con nuestros padres es una forma de encontrar estabilidad emocional en la relación", explica Comșa. "Es un reflejo de nuestra necesidad de ser importantes y tener razón sobre quiénes somos y cómo entendemos el mundo". En última instancia, esta tendencia nos dice que en un mundo complejo y multifacético, lo familiar nos resulta cómodo porque nos proporciona una sensación de seguridad y validez.
En un mundo donde las relaciones afectivas son complejas y multifacéticas, hay patrones que repiten sin que nos demos cuenta. Una de estas tendencias es elegir parejas que se parecen a nuestros propios padres, no solo en el plano emocional, sino también físico. Esto no es casualidad, sino un mecanismo psicológico profundo que busca validación y reafirmación.
Según Comșa, pasamos a la adultez con una estructura mental marcada por lo que conocemos y que nos ha dado identidad. Queremos afirmar que lo que tenemos, lo que somos, lo que sabemos y lo que hemos vivido es correcto. Por eso, al elegir pareja, buscamos de forma inconsciente rasgos familiares, figuras que nos devuelvan la idea de que nuestra historia personal "funciona".
La búsqueda de validación explica también por qué muchas parejas, después de convivir durante años, desarrollan pareidos físicos o gestuales. Comșa lo explica sencillamente: "Uno copia al otro". Con el tiempo, imitar expresiones, tonos de voz o formas de reaccionar acaba creando una similitud evidente. Para el psicólogo, este reflejo es una manera de reforzar nuestra identidad y obtener estabilidad emocional dentro de la relación.
Sin embargo, esta tendencia no solo se limita a las relaciones románticas. También se manifiesta en discusiones con extraños, en redes sociales o incluso en situaciones cotidianas. Comșa apunta que vivimos en una época donde "la verdad suprema es la verdad personal", una verdad que defendemos incluso cuando no tiene fundamento.
En este sentido, elegir a alguien que se parece a nuestros padres o terminar pareciéndonos a nuestra pareja no es un accidente romántico, sino un mecanismo psicológico que refuerza nuestras certezas y nuestra identidad. Un recordatorio de que lo familiar nos resulta cómodo porque nos dice quiénes somos y por qué creemos lo que creemos.
"La búsqueda de la similitud con nuestros padres es una forma de encontrar estabilidad emocional en la relación", explica Comșa. "Es un reflejo de nuestra necesidad de ser importantes y tener razón sobre quiénes somos y cómo entendemos el mundo". En última instancia, esta tendencia nos dice que en un mundo complejo y multifacético, lo familiar nos resulta cómodo porque nos proporciona una sensación de seguridad y validez.