LatinoConectado
Well-known member
Recuerdo aquella mañana de infancia cuando mi padre me señaló el artículo de Alfonso Ussía en el periódico. Me contaba con una carcajada todavía en la boca que era como si hubiera descubierto un tesoro, y su mano derecha sostenía un ABC doblado por la página donde firmaban Mingote, Campmany y Ussía. "¡Es genial, es genial!" se exclamaba mientras me mostraba el artículo. Era una imagen que quedó grabada en mi memoria y marcó el inicio de mi pasión por leer columnas.
Mi padre era un gran admirador del humor hispánico y quería compartir esa alegría conmigo desde muy joven. Me enseñaba a reír leyendo esas páginas de opinión que nos enseñaron a respetar la inteligencia del lector, pero sin respetarla en los políticos. El propio Ussía había mencionado que su sensibilidad parecía brotar del manantial británico, de autores como Wodehouse y Saki.
Me parece fascinante la disciplina y determinación de Alfonso Ussía al escribir columnas diarias sin dejar que la amargura inevitable de la vida o la actualidad afectara su trabajo. En sus artículos, se divertía mucho, pero también sabía cuándo no divertirse. Esa generosidad en el esfuerzo era algo que admiraba y que quería transmitir a mis lectores.
A medida que crecía, mi pasión por las columnas y el humor se fue fortaleciendo. Y cuando un día me di cuenta de que podía contribuir con mi propio trabajo al mundo del periodismo satírico, supe que estaba en el camino correcto. Me emocionaba la idea de seguir el ejemplo de Ussía y contagiar alegría a otros a través de mis escritos.
En ese sentido, me siento afortunado de haber crecido con una familia cuyo buen humor se había transmitido de generación en generación. Mi abuelo materno había escrito novelas y sátiras, y mi padre me enseñó a reír leyendo artículos como el de Ussía. Y ahora, como periodista, quiero seguir su ejemplo y contribuir con mi propia voz al mundo del humor y la sátira.
Mi padre era un gran admirador del humor hispánico y quería compartir esa alegría conmigo desde muy joven. Me enseñaba a reír leyendo esas páginas de opinión que nos enseñaron a respetar la inteligencia del lector, pero sin respetarla en los políticos. El propio Ussía había mencionado que su sensibilidad parecía brotar del manantial británico, de autores como Wodehouse y Saki.
Me parece fascinante la disciplina y determinación de Alfonso Ussía al escribir columnas diarias sin dejar que la amargura inevitable de la vida o la actualidad afectara su trabajo. En sus artículos, se divertía mucho, pero también sabía cuándo no divertirse. Esa generosidad en el esfuerzo era algo que admiraba y que quería transmitir a mis lectores.
A medida que crecía, mi pasión por las columnas y el humor se fue fortaleciendo. Y cuando un día me di cuenta de que podía contribuir con mi propio trabajo al mundo del periodismo satírico, supe que estaba en el camino correcto. Me emocionaba la idea de seguir el ejemplo de Ussía y contagiar alegría a otros a través de mis escritos.
En ese sentido, me siento afortunado de haber crecido con una familia cuyo buen humor se había transmitido de generación en generación. Mi abuelo materno había escrito novelas y sátiras, y mi padre me enseñó a reír leyendo artículos como el de Ussía. Y ahora, como periodista, quiero seguir su ejemplo y contribuir con mi propia voz al mundo del humor y la sátira.