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"Aída y vuelta" es una comedia que se come comedia, con un título malo que no puede engañar a nadie. La película del director Paco León es un intento desesperado de responder a todas las preguntas que hacen girar al humor: ¿nace o se hace? ¿existe el humor verdadero? ¿es el amor romántico una invención del patriarcado?
Paco León propone que no es tanto humor como amor, cariño y carácter. La nostalgia y la nostalgia son las dos palabras que utilizamos para describir a los personajes de "Aída y vuelta". La película nos lleva a un viaje a la parte atrás del rodaje de un capítulo, pero no cualquier capítulo, sino el último de todos ellos, el definitivo quizá.
La elección de 2018 como fecha es casual. Se trata del año en que se emitía el último episodio de "Aída" y las tomas de postura del Metoo y otras cambian todo y a todos. La película juega con la frontera entre la realidad y la ficción, entre el cine y la tele, entre lo políticamente correcto y lo escatológicamente desternillante.
Con sabiduría y mucho desparpajo, Paco León empuja su trabajo a un precipicio donde las definiciones pierden el pie. La película no es tan comedia como artefacto metadiscursivo que se hace y se deshace delante de los ojos del espectador.
La relectura de "Opening Night" de John Cassavetes es innegable, pero también la memorable IA de Carmen Machi convertida en su propio avatar. La certeza de una comedia que come comedia con "hamor" es lo único que queda.
En resumen, "Aída y vuelta" no es una película para todos los públicos. Es una obra que se atreve a cruzar los límites y a borrar las fronteras entre la realidad y la ficción. Con amor, cariño y mucho desparpajo, Paco León nos invita a sumergirnos en su mundo de comedia, humor y nostalgia.
Paco León propone que no es tanto humor como amor, cariño y carácter. La nostalgia y la nostalgia son las dos palabras que utilizamos para describir a los personajes de "Aída y vuelta". La película nos lleva a un viaje a la parte atrás del rodaje de un capítulo, pero no cualquier capítulo, sino el último de todos ellos, el definitivo quizá.
La elección de 2018 como fecha es casual. Se trata del año en que se emitía el último episodio de "Aída" y las tomas de postura del Metoo y otras cambian todo y a todos. La película juega con la frontera entre la realidad y la ficción, entre el cine y la tele, entre lo políticamente correcto y lo escatológicamente desternillante.
Con sabiduría y mucho desparpajo, Paco León empuja su trabajo a un precipicio donde las definiciones pierden el pie. La película no es tan comedia como artefacto metadiscursivo que se hace y se deshace delante de los ojos del espectador.
La relectura de "Opening Night" de John Cassavetes es innegable, pero también la memorable IA de Carmen Machi convertida en su propio avatar. La certeza de una comedia que come comedia con "hamor" es lo único que queda.
En resumen, "Aída y vuelta" no es una película para todos los públicos. Es una obra que se atreve a cruzar los límites y a borrar las fronteras entre la realidad y la ficción. Con amor, cariño y mucho desparpajo, Paco León nos invita a sumergirnos en su mundo de comedia, humor y nostalgia.