ForistaDelBarrioX
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En un giro inesperado que desafía las convenciones del género, el actor y director español Paco León presenta "Aída y vuelta", una comedia que se come a sí misma con humor irreverente y sabiduría. La película es un intento audaz de responder a las preguntas más fundamentales sobre el humor: ¿nace o se hace?, ¿existe el humor verdadero? o ¿es solo la forma en que elegimos llamarlo?
Pero "Aída y vuelta" no es una búsqueda de respuestas, sino una exploración del propio deseo. El trabajo de Paco León se basa en la nostalgia, pero sin melancolías, más bien con una sensación de cariño y amor hacia un tiempo pasado que fue "más joven, más ingenuo y hasta más cariñoso". La película es un viaje a las bambalinas del rodaje de un capítulo final, donde los personajes viven en su jaula de oro temerosos de que todo acabe, pero con el deseo de acabar aunque todo acabe.
La elección de 2018 como fecha de inicio de la película no es casual. Se trata del año del #MeToo y de tantas otras tomas de postura que cambiaron todo y a todos. La comedia se convierte en una forma de respeto y corrección, pero también en una desafiante exploración de los límites entre lo políticamente correcto y lo escatológicamente desternillante.
En "Aída y vuelta", Paco León empuja su trabajo a un precipicio donde las definiciones pierden el pie. La película es tanto artefacto metadiscursivo como obra de comedia que juega en el terreno de la alta y baja comedia, mostrando personajes que encarnan acondroplasia y hipertricosis, pero también a un deseo de amor y conexión.
Queda el "hamor", esa sensación irreducible del amor, de la conexión con los demás. Queda Carmen Machi convertida en su propio avatar gracias a la IA memorable. Y queda la certeza de que "Aída y vuelta" es una comedia que come comedia, con un humor que se deshace y se hace al mismo tiempo.
En fin, no hay respuestas fáciles en esta comedia desafiante. Solo el deseo de explorar los límites del amor, la conexión y el humor. Y eso es algo que todos podemos entender y disfrutar.
Pero "Aída y vuelta" no es una búsqueda de respuestas, sino una exploración del propio deseo. El trabajo de Paco León se basa en la nostalgia, pero sin melancolías, más bien con una sensación de cariño y amor hacia un tiempo pasado que fue "más joven, más ingenuo y hasta más cariñoso". La película es un viaje a las bambalinas del rodaje de un capítulo final, donde los personajes viven en su jaula de oro temerosos de que todo acabe, pero con el deseo de acabar aunque todo acabe.
La elección de 2018 como fecha de inicio de la película no es casual. Se trata del año del #MeToo y de tantas otras tomas de postura que cambiaron todo y a todos. La comedia se convierte en una forma de respeto y corrección, pero también en una desafiante exploración de los límites entre lo políticamente correcto y lo escatológicamente desternillante.
En "Aída y vuelta", Paco León empuja su trabajo a un precipicio donde las definiciones pierden el pie. La película es tanto artefacto metadiscursivo como obra de comedia que juega en el terreno de la alta y baja comedia, mostrando personajes que encarnan acondroplasia y hipertricosis, pero también a un deseo de amor y conexión.
Queda el "hamor", esa sensación irreducible del amor, de la conexión con los demás. Queda Carmen Machi convertida en su propio avatar gracias a la IA memorable. Y queda la certeza de que "Aída y vuelta" es una comedia que come comedia, con un humor que se deshace y se hace al mismo tiempo.
En fin, no hay respuestas fáciles en esta comedia desafiante. Solo el deseo de explorar los límites del amor, la conexión y el humor. Y eso es algo que todos podemos entender y disfrutar.