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Las estrellas, aunque parecen inmóviles en el cielo nocturno, en realidad se desplazan a velocidades que van desde unos 40 kilómetros por segundo hasta más de 1.000 kilómetros por segundo. Estas velocidades determinadas por su órbita y sus atracciones gravitatorias. Aunque es común pensar que los movimientos de las estrellas están relacionados con sus órbitas, en realidad son el resultado de un conjunto de fuerzas que actúan sobre ellas.
Las estrellas de población I, como las que se encuentran en el plano central de la galaxia, se desplazan a velocidades de unos 40 kilómetros por segundo. Mientras que las estrellas de población II, mucho más viejas, se mueven a velocidades de hasta 140 kilómetros por segundo, y las estrellas que forman parte de sistemas binarios o tienen planetas masivos cerca de su centro, pueden moverse a velocidades de unos 1.000 kilómetros por segundo.
Estos movimientos son el resultado de la atracción gravitatoria entre las estrellas y otras masas celestes. La gravedad es lo que hace que los cuerpos celestes se muevan en sus órbitas, y también produce pequeños desplazamientos aleatorios debido a los cambios en las trayectorias de las galaxias y otros objetos celestes.
En resumen, el movimiento de las estrellas no es simplemente un cuestión de seguir su órbita, sino que está determinado por una serie de fuerzas gravitatorias que actúan sobre ellas.
Las estrellas de población I, como las que se encuentran en el plano central de la galaxia, se desplazan a velocidades de unos 40 kilómetros por segundo. Mientras que las estrellas de población II, mucho más viejas, se mueven a velocidades de hasta 140 kilómetros por segundo, y las estrellas que forman parte de sistemas binarios o tienen planetas masivos cerca de su centro, pueden moverse a velocidades de unos 1.000 kilómetros por segundo.
Estos movimientos son el resultado de la atracción gravitatoria entre las estrellas y otras masas celestes. La gravedad es lo que hace que los cuerpos celestes se muevan en sus órbitas, y también produce pequeños desplazamientos aleatorios debido a los cambios en las trayectorias de las galaxias y otros objetos celestes.
En resumen, el movimiento de las estrellas no es simplemente un cuestión de seguir su órbita, sino que está determinado por una serie de fuerzas gravitatorias que actúan sobre ellas.